El gran dilema de la ropa de verano (y los "chistes" que de gracioso no tienen nada)

 




En la publicación anterior hablé sobre cómo la vergüenza por el propio cuerpo me llevó a privarme de muchos momentos de mi adolescencia. Hoy voy a narrar una historia para dar a conocer como a muchas personas nos afectan cosas que para otras son graciosas: antes de publicar o compartir algo en Redes sociales fijense de que se están riendo. Soy una de tantas personas rotas que sobrevivimos como pudimos a una sociedad de mierda, llena de prejuicios, odio, sexismo, racismo, a una época en la que hablar de salud mental era tabú. Como digo siempre, estamos vivas de pedo. (No aplica a la cordura, eso todavía está en trabajo de reparación) 

En los primeros años de facebook, al inicio de la primavera veía  publicaciones que decían  “Atentos! ya empezó el calor, ahora tenemos que AGUANTAR ver gordas en calzas y musculosa y tipos gordos y peludos todos sudados”. Publicaciones que la gente compartía como algo gracioso. Al ver ese tipo de publicaciones empecé a pensar que no era suficiente con conformarme con el cuerpo que tenía, necesitaba ser delgada porque mi sola presencia era desagradable a la vista de la gente. Eso era lo que me daban a entender mis amistades en facebook, los chistes que hacían en programas de tv  y lo que mostraban todas las revistas de moda. Las únicas personas gordas que veía en la pantalla eran las que participaban en un reality para bajar de peso. Así que decidí cambiar para encajar y fui a una nutricionista y al gimnasio y bajé unos 10 kilos y todo el mundo estaba muy feliz y me aplaudía y me felicitaba. Pero entonces me estanqué, y la nutricionista sacaba su fotocopia y me daba el día de frutas, o el plan hiperproteico para seguir bajando, pero no era suficiente, no bajaba más que unos gramos por semana. Entonces llegó el momento en que no pude más, me estaba cuidando de comer poquito porque el fin de semana tenía una fiesta y tenía mucha hambre. Me comí tres platos de fideos, porque cuando empecé, no pude parar. Con la panza llena y muerta de arrepentimiento, culpa y vergüenza, hice algo que tenía en mente desde los 12 años; cuando hice mi primera dieta y no pude adelgazar, cuando la nutricionista me culpó de hacer trampa y mi tía me presionaba para que comiera menos. Cuando empecé a sentirme un fracaso. Esa fue la primera vez que usé  el método de purga con que se identifica a la bulimia. Ese 5 de diciembre fué el primer día de mi época más oscura. En ese momento yo no lo sabía, porque volví a bajar de peso y el verme más delgada hacía a la gente muy feliz y yo era siempre el centro de atención. De ser la rara marginada, había pasado a ser la más popular. 


Todo lo que se publica en redes, aunque a algunos les parezca gracioso a otras personas nos gatilla pensamientos oscuros y en un momento de vulnerabilidad nos puede llevar por un camino oscuro y peligroso, por eso es necesario pensar antes de compartir, recordar que del otro lado de una foto hay un ser humano. No se olviden de usar la empatía.